jueves, 21 de mayo de 2015

Simbolismo de andar por casa

La Escuela Malagueña de Pintura no estuvo libre de la influencia del Simbolismo, que ya a finales del XIX imperaba en el resto de Europa y que aquí llegó de la mano de Ferrándiz, aunque trasnochado.
Las corrientes filosóficas que, con orígenes en escritores como el dramaturgo Pierre-Augustin de Beaumarchais (1732-1799), hacían insinuaciones como la de que "los recursos y las relaciones entre personas, tienen ciertos límites y por ello no hay que abusar", fueron absorbidas por nuestros pintores en su significado más simple, ejemplarizando en sus cuadros, a su manera, la máxima de Anatole France (1844-1924): "Tanto va el cántaro a la fuente que termina por romperse".
El pensamiento de este poeta, de sátira mordaz contra los políticos, llegó a ser premiado en 1921 con el Nobel de Literatura.
















HOWARD DAVID JOHNSON
"El espíritu de la Naturaleza"
Metropolitan Museum of Art, New York
/Artista alemán clasificado hoy como el representante del 'Simbolismo mágico'/



A finales del siglo XIX, el cliché era distinto:

La inocencia, simbolizada en un infante alado, de connotaciones angelicales, es reflejada en un cuadro pintado en Málaga, que no fue muy bien entendido en su época, cuando lo que el pintor quería reflejar en él, era la pureza de los sentimientos:

BERNARDO FERRÁNDIZ (1835-1885)
"El Amor"
Óleo s/lienzo   87x67 cms.
Sin firmar y -posteriormente- añadido su nombre por mano ajena.
Colección particular, Málaga

Mientras, en el resto de España, con menos simbolismo y más realismo, la figura de la niña -portadora de su preciosa inocencia-, es representada en un retrato preciosista, por uno de sus máximos exponentes:

RICARDO DE MADRAZO GARRETA (1851-1917)
"Regreso de la fuente"
Óleo s/lienzo   102x59 cms.
Firmado y fechado en 1878.
Colección particular, Barcelona

En Francia, por la misma época, los artistas de corte romántico hacen una interpretación moralizante sobre el ejercicio de las múltiples idas y venidas a la fuente, encubriéndolas de una falsa apariencia de inocencia ante el hecho fortuito de la rotura del cántaro, aunque una lectura más sutil entrevea ya lo que abiertamente se pinte después en Málaga.

ERNEST RANCOULET (1870-1915)
"Lamentándose"
Escultura en bronce   82x34x28 cms.
Sobre doble peana del mismo metal y mármol negro veteado.
Firmada: Rancoulet
Colección particular, Málaga
/Esta pieza se exhibió en el Salón de París en 1876 y el escultor está ampliamente representado en el Museo de Reims (FRANCIA)./









Segunda mitad Siglo XX
"Lamento" *
Bronce   82x33x25 cms.
Pátina oscura y doble peana.
Sin firmar
/Reproducción de la anterior obra,
correctamente indicada
por la casa subastadora/
DURÁN (Ene-2017), Madrid


Cuando FERRÁNDIZ pinta los personajes de su obra "Las aguas sulfurosas", a la derecha de unas jóvenes, que alternan con desparpajo con dos galanes -lo que hoy llamaríamos 'ligones'-, aparece una medio niña o medio mujer, con un cántaro sobre su cabeza y ajena a la distendida charla de sus compañeras de trabajo, en claro guiño del artista, proclamando que existe la inocencia y la pureza, aún en ambientes poco propicios.

BERNARDO FERRÁNDIZ BÁDENES
"Las aguas sulfurosas de la Fuente de Santa Lucía"  
Óleo s/lienzo   45x70 cms.
Firmado y fechado en 1874.
Paradero desconocido
-Archivo fotográfico de 'Galería Santiago Durán', Madrid-

Años antes, Bernardo Ferrándiz había vendido a su marchante Goupil una pequeña tabla donde, sin veladuras, relata mediante la clara insinuación, el incidente entre una pareja joven que, pensativos y arrepentidos, entrevén que éste va a modificar su futuro inmediato.

BERNARDO FERRÁNDIZ
"El tropezón"
Óleo s/tabla   30x40 cms.  Firmado y fechado en 1869
Vendido por 1.500 Frs., según anotación del autor en fotografía de su álbum.
Actualmente en paradero desconocido.


En plena ciudad, las jóvenes tenían que ir a las fuentes públicas para abastecer de agua sus viviendas:
Fuente de "LA OLLA".
Plaza de La Malagueta, MÁLAGA

Hasta mediados del siglo XX, la carencia de acometidas de agua potable en muchos pueblos, conllevaba la continua ida y venida de las muchachas a la fuente para llevar agua a la casa, lo que propiciaba el cortejo entre los jóvenes.

Y a veces, éste acarreaba consecuencias no deseadas.


Cuando Anatole France, hacía alusión a la rotura del cántaro por tanto ir a la fuente, estaba muy lejos de la interpretación de nuestros pintores, menos filosóficos y más prosaicos. Aquel se refería a que "la oscuridad nos envuelve a todos, pero mientras el sabio tropieza en alguna pared, buscando una salida, el necio e ignorante permanece tranquilo e impávido en el centro de la estancia, sin inmutarse".


GUILLERMO GÓMEZ GIL (1862-1942)
"Pelando la pava"
Óleo s/tabla  19x12 cms.
Firmado y fechado en 1888.
Colección particular, Málaga

El guarda-jurado, escopeta al hombro, mira apesadumbrado -junto a la contrita muchacha- un cántaro roto delante de ambos, en alusión al resultado de la relación mantenida y cuyos testigos quizás fueran sólo los árboles que, tras ellos, les contemplan silenciosos.

Como la vida misma.



Núm. 40


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